Bestiario 88

Era necesario decirles que no eran más que robots. Si no lo sabían, se les ocurrían ideas peregrinas: querían, de pronto, matricularse en clases para adultos o aprender bailes de salón. Algunas hacían las maletas e intentaban marcharse de casa, a la aventura, a vivir. Había que decirles cuán equivocadas estaban, había que apagar esa chispa en sus ojos.

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Bestiario 87

En la academia de viajes en el tiempo hay una inscripción tallada en piedra, sobre la puerta de entrada. «El tiempo tiene muros muy altos y sus esquinas son afiladas como cuchillos», dice. Nadie la entiende nunca al principio, hay que aguardar hasta el primer salto.

Bestiario 86

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Consigna

 

Mamá nos lleva a ver a papá cada atardecer, sea verano o invierno. Nosotros aguardamos atentos para verle aparecer siempre a la misma hora. Conduce un coche rojo, con los faros encendidos. Toma la curva y sus luces rompen la neblina, se reflejan sobre la carretera mojada por la lluvia, antes de desaparecer bajo el puente. Siempre es así, aunque no llueva, aunque luzca el sol, sea verano o invierno.