Mío

Perdí lo que nunca tuve:
el repiqueteo de la lluvia contra las tejas,
el canto de la calandria sobre el puente,
el crujir de los guijarros bajo los pies.

Cuando no importaba lo que tenía,
cuando de las manos vacías
desbordaban todos los anhelos del mundo,
nada de lo que perdería era mío.

Duerme ahora y sueña
que todo es eterno y te pertenece.
Cuando despiertes todo se habrá ido
y ni el polvo será barro.

He perdido lo que nunca tuve,
lo sé,
pero el dolor me pertenece.

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