Las estrellas se derritieron

Las estrellas se derritieron.
Cayeron
como hilos de plata
deshaciendo el tapiz del cielo.

Dejaron charcos resplandecientes
sobre los huecos del asfalto.
Echaron a perder las cosechas
y derribaron edificios de ladrillos.

Las estrellas se derritieron
sobre las personas que miraban:
quedan los cabellos plateados,
por siempre sellados los párpados.

Los niños juegan en los charcos,
porque nadie puede detener
las ganas de jugar de un niño.

Las lágrimas son plateadas,
y los granos en las espigas.
Pesan tanto que solo la tierra
recoge las cabezas quebradas.

Las estrellas se derritieron
y lo congelaron todo.

Los niños juegan en los charcos,
porque nadie puede detener
las ganas de jugar de un niño.

silhouette of person holding glass mason jar
Imagen de Rakicevic Nenad

El espantapájaros

Nunca antes habíamos tenido un espantapájaros en el huerto. Este lo pusieron de madrugada, mientras yo aún dormía. Ahí está plantado, mirando hacia la casa con su sonrisa torcida y rota. No espanta a los pájaros, me dice abuela, sino a los malos espíritus. Yo me siento junto a la ventana y lo observo. Por las noches, sus ojos parecen encenderse y acechar. Espanta a los demonios, dice abuela. Así que paso las horas allí, sentada junto a la ventana, mientras él sigue vigilando la puerta de la casa, impidiéndonos salir.

Imagen de David Gomes

Ya vienen

Salen de la espesura, madre,
vienen cruzando el bosque;
los que cayeron clamando un nombre,
a los que les explotó el pecho.

Y nosotras,
las que estamos rotas,
las que aún mantenemos juntos
huesos y carne
con cantos y rabia…

Y nosotras, madre,
salimos al encuentro,
con la frente alta,
con huellas de botas sobre la espalda.

Ellos vienen,
hambrientos y desgarrados,
buscando huesos aún por romper,
carne aún por devorar.

No hay agua en el río, madre,
sólo frío y restos de ceniza.
¿De qué sirve el puente ahora?
Cuando los lobos saltan desde el cielo,
cuando los buitres agonizan a nuestros pies.

Oigo el rumor de pisadas, madre,
vienen cruzando el bosque.
Y nosotras, las que nos negamos a arder,
las que nos negamos a que la carne
se despegue de los huesos…

Y nosotras aguardamos en silencio,
en el silencio de los pájaros cantores,
de las gargantas calientes,
de los corazones que atruenan.

Vienen por el bosque, madre,
ya es la hora.
Vienen por el bosque
y nosotras les aguardamos.

Foto de Erika Cristina

Perseidas

En un trono de caos, rodeada de criaturas imposibles, se sienta Eris. Mira hacia abajo y hacia arriba, al mismo tiempo, para contemplar a los pequeños mortales. Se sonríe.

La sonrisa de Eris traza una miríada de estrellas en el cielo. Los diminutos humanos juegan a cazar meteoros.

Ella ríe y toma un puñado de polvo estelar en su mano. Sacude los dedos sobre los rostros alzados de los mortales, arrojando estrellas hacia el sur cuando ellos miran hacia el norte, lanzándolas hacia levante cuando ellos las esperan por poniente.

Ella ríe, divertida, y su risa es un chisporroteo en el cielo de la noche.

astronomy comet constellation cosmos
Foto de Neale LaSalle