Bestiario 86

Mamá nos lleva a ver a papá cada atardecer, sea verano o invierno. Nosotros aguardamos atentos para verle aparecer siempre a la misma hora. Conduce un coche rojo, con los faros encendidos. Toma la curva y sus luces rompen la neblina, se reflejan sobre la carretera mojada por la lluvia, antes de desaparecer bajo el puente. Siempre es así, aunque no llueva, aunque luzca el sol, sea verano o invierno.

Reflejos

Hay personas encerradas en los adornos del árbol de Navidad. Son como reflejos, pero se mueven, ¿comprende?

Una mujer. Corre de una bola a otra, intenta romper los cristales de un viejo adorno con forma de estrella. Usa los puños, golpea una y otra vez contra la barrera que la mantiene dentro, pero no hace ningún ruido.

No, no sé si hay otras personas además de ella. ¿Dije personas hace un momento? Oh, lo siento. No. Sólo he visto a esta mujer. Es diminuta y está despeinada. El pelo le cae sobre la cara y tiene los pantalones rotos por las rodillas, desgarrados como si se hubiera arrastrado hasta desgastar la tela. Golpea los adornos desde dentro.

No, no emite ningún sonido. ¿Los adornos? Bueno, tintinean. Sí, tintinean cuando ella los golpea. Sólo lo oigo yo, sí. ¿Mi mujer? Oh no, ella… ¿Dije que no hacía ningún ruido? ¿Cuándo? Oh.

Gracias por venir a casa, no me sentía con fuerzas para salir a la calle y conducir hasta su consulta. Puede que el ruido esté en mi cabeza.

No, no, no, ella no está en mi cabeza. Está encerrada en los adornos del árbol de Navidad, le digo. Tiene sangre en el canto de las manos, ¿comprende? De golpear, se ha hecho daño.

No, no, mi mujer… Sí, mi mujer tiene cortes en las manos. Pero son distintos. Tiene cortes en los dedos. Y la carne separada de las uñas, sangró bastante.

¿Cómo quiere que lo sepa? Se hizo daño. ¿Cómo quiere que lo sepa?

No paso todas las horas del día con ella, ¿sabe?

No, ella dice que no puede ver a la mujer de los adornos. Eso dice.

Lo dice porque la odia.

¡A la mujer de los adornos! ¿A mí? ¿Por qué habría de odiarme a mí? No sea absurdo.

Aunque sí puede que haya otra persona allí encerrada.

Oh, ¿lo dije? No me contradigo, yo sólo…

Es un hombre.

No, él no golpea nada. Él sólo… aguarda.

No lo sé, no sé a qué aguarda.

La mujer de los adornos le tiene mucho miedo, pero él parece ignorarla. Sólo observa el exterior y espera.

¿Su aspecto? Bastante cuidado, a decir verdad. Alto, pelo oscuro. Exhausto.

No, no de aguardar. Exhausto de vivir… allí.

No, es diminuto, pero se ve alto en comparación a la mujer.

Sí, como mi esposa y yo.

Mire, cuando mi mujer empezó la terapia decía que había gente encerrada en los espejos de la casa, ¿recuerda? Usted la ayudó mucho, le quitó todas esas locuras de la cabeza, ahora es… Se parece mucho a como era antes, ¿verdad? Aunque aún no es del todo la misma, ya lo sé.

¿Eso cree usted? Sí, puede ser que hable un poco distinto. Y se mueve de forma distinta. Mira de forma distinta. A veces quiero esconderme de esa mirada.

No, no hay más personas en los adornos. Está esa mujer, la que se parece a mi mujer. Y está ese hombre, el que se parece… a mí.

¿De veras puede ayudarme? Eso es estupendo.

Bueno, sí, me resulta usted familiar. ¿Por qué lo pregunta?

¿El otro hombre? ¿El de los adornos de Navidad? En realidad, sí, hay otra persona encerrada allí… Pero yo le había dicho que… ¿Cómo lo ha sabido?

No, no puedo verle la cara. La tiene cubierta de arañazos, creo que se los hace él mismo. Por la desesperación, ¿sabe? Intenta escapar y no puede.

¿Quiere ver el árbol? Acompáñeme, está por aquí. Aunque ya sé que lo ha visto antes… Cuando vino a visitar a mi mujer.

Oh, lo sé porque su reflejo aún está encerrado allí. Aguardando. Lamento si le he llevado a confusión. Él no es tan alto como yo, es más bien como usted. El hombre que se parece a mí, bien, le costará un poco reconocerlo, con todos esos arañazos.

Doctor, permítame decirle que se ve usted exhausto. Exhausto de vivir aquí fuera. Creo que puedo ayudarle.

 

Consigna propuesta por Reset Reboot:
“exhausto de vivir”.

Las trenzas

epoca-Victoriana-espaldas
Consigna: texto inspirado en esta imagen.

 

Ellas tomaron mis cabellos
y los recogieron en trenzas.
Todo lo inocente, lo tierno, lo frágil,
lo ataron y lo cubrieron.

Busco a la niña
en la oscuridad que dejaron,
la oigo reír y la oigo chillar
y mis manos no la alcanzan.

La niña juega entre jaramagos,
allá donde una vez todo fue bello
donde ahora no queda nada,
sólo farolas y plazas sucias.

Me siento junto a la puerta
y vigilo los caminos.
Ella no viene,
hace mucho que se alejó.

Los caminos despejados,
los pececillos de la orilla,
las estrellas al alcance de la mano…
Todo se ha perdido.

La niña corre
entre matas de alhucema
con manos inocentes
y ojos llenos de anhelos.

Los cabellos sueltos
azotados por el viento,
antes de las trenzas,
antes del asfalto.

Todo lo que una vez amé.
Todo lo que una vez fui.

Akasha

Aquella misión acabaría con la guerra.
La guerra sería infinita, nos habían dicho desde siempre, pero finalmente habían encontrado el origen. Se hallaba en una región aún desconocida de una galaxia menor, en un universo apenas explorado.
La misión era sencilla: acceder a los archivos akáshikos y destruirlos. Aquello rompería el orden de aquel universo miserable y lo colapsaría. Las criaturas que lo habitaran, de existir alguna, ni siquiera sabrían qué había ocurrido. Y así acabaría la guerra. La infinita guerra entre universos superpuestos por la hegemonía comercial.
Fue sencillo: acceder a los archivos y destruirlos. Aquel universo compuesto de polvo interestelar y planetas deshabitados, el origen de todo, se replegó e implosionó. Y un momento antes de que todo acabara, sólo un fugaz instante antes, largo como la eternidad, nos miramos y comprendimos, todos comprendimos, que habíamos matado el corazón de su universo. Comprendimos entonces, mirándonos como en espejos, que el multiverso fractal se desmoronaba como las fichas de un dominó.
La guerra, la infinita guerra, había acabado.

 

 

Consigna propuesta por Reset Reboot:
usar la palabra “fractal”.