El espantapájaros

Nunca antes habíamos tenido un espantapájaros en el huerto. Este lo pusieron de madrugada, mientras yo aún dormía. Ahí está plantado, mirando hacia la casa con su sonrisa torcida y rota. No espanta a los pájaros, me dice abuela, sino a los malos espíritus. Yo me siento junto a la ventana y lo observo. Por las noches, sus ojos parecen encenderse y acechar. Espanta a los demonios, dice abuela. Así que paso las horas allí, sentada junto a la ventana, mientras él sigue vigilando la puerta de la casa, impidiéndonos salir.

Imagen de David Gomes

Bestiario 90

Una mano blanca ciñe la cabeza del rey con una corona de lirios. Los príncipes, de pie frente al trono vacío, comienzan a pelear por los restos de la carroña.
«No hay tiempo», murmuran las picas frente a las murallas cerradas. Los príncipes no las escuchan. «Tú serás el más grande», es lo que oyen.

Bestiario 86

Mamá nos lleva a ver a papá cada atardecer, sea verano o invierno. Nosotros aguardamos atentos para verle aparecer siempre a la misma hora. Conduce un coche rojo, con los faros encendidos. Toma la curva y sus luces rompen la neblina, se reflejan sobre la carretera mojada por la lluvia, antes de desaparecer bajo el puente. Siempre es así, aunque no llueva, aunque luzca el sol, sea verano o invierno.